martes, 12 de enero de 2010

La recuperación paratextual de una novela “comunista”: el caso de "A ras del suelo" de Luisa González

En 1985, durante la primera campaña presidencial de Óscar Arias, los poemas de Jorge Debravo fueron utilizados como parte esencial de su estrategia publicitaria. Los versos del poeta turrialbeño se convirtieron en clichés de fuerte contenido emocional que jalonearon los momentos climáticos de los discursos del por entonces candidato liberacionista. De esta forma, los textos de Debravo, quien había cantado la muerte de un guerrillero y la lucha del pueblo vietnamita, fueron neutralizados para legitimar, con la intensidad expresiva del lenguaje poético, un proyecto de corte conservador en lo político y neoliberal en lo económico.
La historia literaria costarricense ofrece otros ejemplos, tal vez no tan claramente relacionados con los usos y abusos del poder político, que de igual forma evidencian la inserción de la literatura dentro los circuitos institucionales de reproducción de las jerarquías sociales. Picado (1983: 82-83) ha demostrado la forma en la que el aparato crítico, mediante una lectura tranquilizadora, despojó a la novela Marcos Ramírez de Carlos Luis Fallas de su carácter marginal y transgresor; lo mismo ha hecho Daniéle Trottier (1993) al evidenciar que los paratextos que rodearon la edición escolar de Lázaro de Betania de Roberto Brenes Mesén pretendían soslayar sus resonancias teosóficas y eróticas. Escritores como Carmen Lyra y Carlos Luis Sáenz han sido reducidos a la imagen fija de escritores infantiles, en tanto que su militancia comunista y su producción textual crítica han sido invisibilizadas.
El poder, como lo había señalado Barthes (1987: 121-122), se encuentra inscrito en el lenguaje mismo y, por lo tanto, la única posibilidad de sustraerse de aquél es hacerle trampas. La gran triquiñuela que abriría espacio a la libertad sería, entonces, la producción textual denominada como literatura. Sin embargo, continúa Barthes, la utopía literaria no está exenta de ser tomada por asalto por el poder:
“Puede decirse que ninguno de los escritores que emprendieron un combate sumamente solitario contra el poder de la lengua pudieron evitar ser recuperado por él, ya sea en la forma póstuma de una inscripción en la cultura oficial, o bien en la forma presente de una moda que impone su imagen y le prescribe conformarse a lo que de él se espera” (1987: 130-131).

La cooptación es un proceso que se construye a partir de la lógica de la visibilización sesgada, es decir, que opera como un mecanismo discursivo simplificador que resalta algunos de los componentes textuales en tanto que oculta aquellos que pueden resultar conflictivos para los proyectos ideológicos de los grupos dominantes.
Un ejemplo palpable de tales políticas de invisibilización de lo heterogéneo lo constituye el trato dado a la novela autobiográfica de Luisa González, A ras del suelo, publicada en 1970. Se trata de un texto con un proceso de gestación bastante extenso, pues ya en 1945 y 1946 se dan a conocer dos capítulos en Repertorio Americano y en 1964 y 1965 cuatro más en el periódico Nuestra voz (Rojas González, 2006: 26, 29 y 449). La editio princeps tuvo un tiraje de 2000 ejemplares, en papel periódico de baja calidad, y apareció bajo el sello “Colección 40 Aniversario” de Ediciones Revolución. La Librería Ediciones Revolución, de efímera existencia, fue fundada en 1970 y se trataba, como lo sugiere su nombre, de una empresa librera vinculada con el por entonces aún proscrito Partido Vanguardia Popular. La “Colección 40 aniversario” celebraba, por lo tanto, las cuatro décadas de existencia institucional del comunismo costarricense.
La propia escritora, Luisa González, era una militante comunista de dilatada trayectoria. Su incorporación al partido, como es bien conocido, data de julio de 1931, es decir, desde el mismo año de fundación del movimiento. Su temprano contacto con Carmen Lyra en la Escuela Normal en la década de 1920, tal y como se narra en A ras del suelo, determinó que la joven maestra se comprometiera con el proyecto de inserción de la educación preescolar de orientación montessoriana en el sistema costarricense y, en un contexto mayor, con la renovación del espectro político adelantada por el grupo de jóvenes comunistas liderados por Manuel Mora.
A lo largo de las siguientes décadas, González cumplió una destacada participación en actividades organizativas y de difusión cultural. Durante la década de 1930 y hasta 1948 publicó, junto con Adela Ferreto y Carlos Luis Sáenz, la revista infantil Triquitraque. En 1936, fue destituida de la dirección de la Escuela Maternal Omar Dengo por sus ideas de izquierda. Durante la década de 1940 participó en la formación de la Universidad Obrera y, en 1953, de la Unión de Mujeres Carmen Lyra -de donde surgió la Alianza de Mujeres Costarricenses- y dirigió el periódico Nuestra Voz, órgano de dicha organización.
A pesar de este “incómodo” pasado, en 1971, A ras del suelo fue galardonada con el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría correspondiente a la rama de novela. Este espaldarazo institucional significó una radical transformación en su circuito de circulación: a partir de ese momento, la novela abandonó la marginalidad de una editorial menor y unas particulares circunstancias políticas -que luego se analizarán- y se integró en la industria cultural oficial. Después del premio, el texto fue publicado por la Editorial Costa Rica: hasta 1994 han aparecido una edición y diez reimpresiones, en total unos 38.000 ejemplares.
La asimilación de A ras del suelo desde la oficialidad no terminaría allí, pues González también realizó una adaptación teatral de su novela. La escenificación corrió a cargo del Grupo Tierranegra, el cual a su vez modificó el texto de la escritora. Esta nueva versión dramática le valió el Premio Nacional de Teatro correspondiente a 1975.
La exitosa circulación de la novela de Luisa González obliga a plantearse al menos dos preguntas básicas que no han sido consideradas por nuestra historia literaria: ¿cómo la institucionalidad recupera y legitima un texto escrito por una militante comunista y que presenta como eje conductor una travesía vital hacia la toma de conciencia de clase y la lucha proletaria?, y ¿cuáles son y cómo operan los mecanismos de que se vale para eliminar la potencial peligrosidad social de la novela en cuanto crítica y denuncia de un sistema social estructuralmente injusto?
Las respuestas a estas interrogantes serán buscadas en el análisis comparativo de los paratextos que introducen, orientan y asimilan el texto literario (Amoretti, 1992: 87), tanto en la edición príncipe como en la posterior de la Editorial Costa Rica (se empleará la denominada quinta edición de 1977 que, en realidad, es la cuarta reimpresión y que reproduce la primera edición de la Editorial Costa Rica). Ambas ediciones presentan un cotexto prácticamente invariable, pero se diferencian notablemente en cuanto al aparato paratextual que los rodea. Esta reflexión se servirá justamente de tales divergencias para intentar aclarar el proceso de cooptación llevado a cabo por las instituciones literarias costarricenses a inicios de la década de 1970.

4 comentarios:

  1. Así como toda lectura es un producto social y el texto se define socialmente, de la misma manera, A ras del suelo da cuenta de cómo dicho texto llega a poseer una relevante significación por cuento se instaura como instrumento de importante representatividad en especial para el sector obrero quienes no solo se ecuentran dispuestos a luchar por modificar el sistema absorbente que se encuentra viviendo sino que también diciden hacerlo en unidad y hermandad.

    NOTA: LOS COMENTARIOS A NOMBRE DE artemusicablogger.com CORRESPONDEN A LA USUARIA María José Artavia Ocampo.

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  2. El profesor alude a las ideas de Barthes sobre el poder del lenguaje, por ello desde esta perspectiva se pueden analizar dos puntos:
    El primero hace referencia al hecho de que nuestro actual Presidente de la República, en su primera Campaña Electoral, se apropia de los poemas de Debravo con el objeto de ganar votos. De esta manera, se convierten en un mecanismo sensibilizador para llegar al pueblo, pues con cada verso la voz popular se identifica; así que, escucharlos en boca de un candidato, lo presupone como un buen futuro, pues el Presidente se considera parte del pueblo, y se pronostica el trabajo en equipo desde las necesidades de la nación. No obstante, con el uso dado a dichos poemas, en ellos desaparecen el carácter literario, pues ahora son mecanismos presidenciales.
    El segundo punto, radica en la cooptación, pues como lo analizamos el martes pasado: ¿Qué implicación presenta denominar a un texto como literario?, pues que este se tome como ficción. Así pues, como lo menciona el profesor, los libros de Carmen Lyra se asocian con cuentos infantiles, ya que este es un paratexto, lo cual provoca la disminución comunista de la escritora.
    Por ello, el lenguaje es la mayor fuerza de poder, pues como se utilice se interpreta. De tal forma, en el primer caso Oscar Arias le da un uso atractivo para ganar votos, el segundo presenta una modificación con el propósito de mantener los textos de escritores peligrosos lejos de cualquier reinterpretación.

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  3. Aunado con lo anterior y analizado en las fotografías, se observa la eliminación de paratextos en “a ras del suelo”, esto en la segunda Editorial que lo acoge, con el propósito de no perjudicar a las masas derechistas. Así, se pierde el carácter comunista, al cual se adjudica en primera instancia. Por lo tanto, vuelvo hacer referencia a Barthes, pues en este caso el suprimir ciertos paratextos da otra perspectiva del texto, así que en este caso más bien la eliminación del lenguaje connota una nueva visión.

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  4. En este sentido me parece que se utiliza la literatura como estrategia política, puesto que Ediciones Revolución dio a conocer A ras del suelo desde su perspectiva comunista, luego la Editorial Costa Rica imprime su sello en ella oficializándola, por lo tanto la pone del lado del Estado. De igual manera, Carmen Lyra y Carlos Luis Sáenz, son leídos como escritores infantiles porque eso es lo que el Estado costarricense de ese entonces quiso fomentar, y así cambiar la guía de lectura comunista propia de estos textos, incluso hasta la actualidad. Así, de acuerdo con Barthes, el lenguaje podrá ser utilizado según el poder del cual sea objeto, de modo que una vez fueron vistos como textos comunistas, lectura impuesta por los paratextos; al igual que cuando se oficializa se le imprime un sentido capitalista; la cual es una lectura que se guía, también, en los paratextos, de los cuales, según mi punto de vista los más relevantes son los comentarios de escritores reconocidos que aparecen en la contraportada de la edición de la ECR.

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